Por una Vélez-Málaga no golfista y no taurina

Podemos comprender que la política necesite de ciertos recursos para hacerse conocer, como es la creación de símbolos, iconos identificativos, proyectos fácilmente reconocibles por el electorado, para identificar fácilmente una determinada opción política. Lo hacen todos los partidos políticos que, por definición, aspiran a alcanzar el refrendo de la población para la gestión de los asuntos públicos. Vélez-Málaga no es una excepción y un ejemplo lo tenemos en el tranvía. Con gran habilidad, nuestro actual regidor municipal ha logrado identificar el tranvía con su nombre, cuando en realidad esta infraestructura es el resultado de una decisión europea concretada en un municipio que, como se reconoce, se ha elegido por influencias políticas más que por un criterio de oportunidad y necesidad, como lo podría tener con mucha mayor prioridad cualquiera de las grandes ciudades de Andalucía. Pero es igual, el tranvía es un transporte colectivo ecológico al que toda ciudad debería aspirar para contribuir decisivamente a la sostenibilidad. Y por este motivo, este recurso, independientemente de su instrumentalización electoral, debe ser apoyado por la ciudadanía porque revierte directamente en su beneficio a medio y largo plazo.

Pero hay otros símbolos electoralistas que no sólo no benefician directamente a la ciudadanía, sino que son contrarios a su cultura, a sus usos y costumbres y por tanto suponen una imposición cultural, gratuita y abusiva, a la mayoría de la población. Entre estos símbolos electoralistas previstos para las inminentes elecciones municipales se encuentran dos en Vélez-Málaga: el golf y los toros.

Determinados partidos políticos apuestan por la creación de una Vélez-Málaga moderna. Esto en sí no sólo es aceptable sino que es una apuesta que debería ser compartida por todos, siempre y cuando no se pierda de vista que en esta modernización no se descuide nuestra cultura. Esto supone apostar por una gran ciudad con calidad de vida, con una orientación hacia la sostenibilidad, como lo exige su compromiso en el programa de la Agenda 21 Local, y el respeto por sus raíces históricas (ahí está todavía pendiente la rehabilitación del Centro Histórico) y por sus propios usos y costumbres, siempre que sean moralmente aceptables.

Desde este punto de vista nos parece que decisiones como la apuesta política, registrada en el PGOU de Vélez-Málaga, por los campos de golf y las corridas de toros, no sólo es contraria a nuestros usos y costumbres, sino que para la mayoría de los ciudadanos son lujos injustificables, ambientalmente insostenibles y moralmente reprobables. No entendemos, o no queremos entender, por qué el Ayuntamiento de Vélez apuesta de forma tan contundente por un deporte que nadie conoce aquí, que para el mantenimiento de su infraestructura se necesitan el consumo de enorme extensiones de suelo de gran valor, el uso de enormes cantidades de agua y todo ello para que un par de aficionados puedan satisfacer esta exótica afición que nunca debió salir de Escocia, su lugar de origen. Más le valdría promocionar los deportes que forman ya parte de nuestra cultura, algunos de los cuales ni tienen pistas públicas para poderlos desarrollar. Pero claro, como en realidad el golf no es un deporte de nuestra cultura (no lo puede ser porque no es compatible con nuestra climatología) y a la inmensa mayoría de la población no le interesa, ahora nuestro ayuntamiento tiene un gran interés en “despertar”, “alentar” esta nueva, exótica y costosa afición y para ello prevé crear un campo de golf municipal, para, así, ir creando los clientes de los auténticos campos de golf, que son deficitarios y sólo pueden subsistir a base de recalificación y edificación de suelo rústico en sus alrededores.

Tampoco nos parece de recibo la promoción de las corridas de toros, ya no sólo con plazas móviles (es un chantaje que la corrida de Febrero se haga con fines benéficos cuando cualquiera sabe que su función es ir creando expectación y reforzar el símbolo electoral), sino, especialmente, con ese proyecto de plaza fija en el complejo de ocio que quieren hacer en el recinto ferial. Algunos dirán que los toros, a diferencia del golf, sí que forman parte de nuestra cultura, pero a esto contestaríamos, por razones de espacio, tan sólo dos cosas. La primera es que esta cultura taurina, afortunadamente, está quedándose atrás en la población española, de la que sólo el 25% la acepta todavía, porcentaje menguante habida cuenta que se trata de la población de mayor edad y, en determinadas zonas como Vélez-Málaga, donde jamás ha habido afición más allá de un grupito de nostálgicos (que normalmente sacian su sed de sangre taurina con la muy cercana plaza de la Malagueta), tiene aún menos sentido. Tal vez por ello, algún comentarista taurófilo haya afirmado recientemente en un medio local que con estos proyectos se logrará “crear afición” a los toros (sic), reconociendo implícitamente que ahora mismo no hay tal afición, como pasa con el golf. La segunda cosa es que hay aspectos de nuestra cultura que una sociedad moderna debería rechazar. Por ejemplo, es de nuestra cultura el maltrato a la mujer o la pesca de pescado inmaduro, pero no por ello nos sentimos felices de que todavía se ejerza y hasta se persigue con la ley. La moderna ciudad de Vélez no puede concebirse sin una modernización de su código ético, y éste incluye el rechazo de todo tipo maltrato, no sólo a otras personas (lo que en teoría es indiscutible) sino a cualquier forma de vida, lo que incluye las plantas y los animales. El toro es un animal, y además es un animal “sintiente”, sobre el que la ciencia ha demostrado que “sufre” el martirio que se le da en la plaza de toros, por lo que es inmoral infringirle sufrimiento. Y los que van a ver este espectáculo sangriento, que contradictoriamente podrían estar en desacuerdo con las peleas de gallos o de perros, son personas que ponen por delante su morbo por el sufrimiento y el peligro a cualquier otra consideración racional o moral. Esta nueva afición, señores, que no forma parte de la cultura de Vélez-Málaga, no encaja en la ciudad moderna que todos queremos. Nuestra ciudad debería anunciarse con etiquetas como: “Vélez-Málaga no taurina” y “Vélez-Málaga no golfista”. Si los políticos quieren símbolos electorales, éstos son los símbolos que distinguiría a Vélez-Málaga de la barbarie que nos rodea.




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