Los bosques boreales

Ocupan casi un tercio de la superficie forestal del mundo.

José Ignacio López-Colón y José Luis García Cano, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 71.

Los bosques boreales se concentran en torno al casquete septentrional del globo terráqueo y representan un 29% de la superficie mundial cubierta por bosques. Contribuyen de manera muy significativa a determinar el clima global de la tierra y el porcentaje de CO2 de la atmósfera y, como el resto de los bosques, tienen un valor incalculable como garantes de la biodiversidad. Además, constituyen el mayor depósito de carbono en forma orgánica viva en el planeta, almacenado principalmente en el suelo y la hojarasca.

Los bosques boreales forman un cinturón verde circumpolar homogéneo en el que la temperatura es el factor ambiental que más contribuye a determinar los límites geográficos. El límite septentrional y meridional se corresponden a las isotermas de 13 y de 18 ºC en julio, respectivamente, lo cual implica que todos los bosques boreales queden dentro de las fronteras de Rusia, Canadá, Alaska y los países escandinavos Suecia, Noruega y Finlandia. Se estima que estos bosques ocupan una superficie en torno a los 920 millones de hectáreas (2). A pesar de su gran importancia, sus especiales características no suelen ser bien comprendidas (1, 2, 3).

Condiciones climáticas y dinámica de las especies arbóreas

La zona boreal se suele dividir en tres regiones: marítima, continental y norcontinental, de las cuales la segunda es la más extensa. En la subzona marítima la variación de temperaturas a lo largo del año es relativamente suave y el invierno es generalmente templado y el verano fresco; la temperatura media del mes más cálido varía de 10 a 15 °C, y la del mes más frío de 2 a -3 °C.

La subzona continental tiene inviernos prolongados y fríos, con nieve abundante durante 5 a 7 meses; la temperatura media mensual varía mucho, especialmente en el invierno; en la parte septentrional, el viento seco y las temperaturas de -20 °C a -40 °C pueden llegar a ser letales para los árboles; la temperatura media del mes más caluroso varía entre 10 y 20 °C.

La subzona norcontinental comprende los territorios de Siberia oriental y el Extremo Oriente. Tiene un invierno muy prolongado, extremadamente frío y seco; la primavera se presenta súbitamente y el verano es corto y relativamente cálido, aunque puede helar por las noches, incluso en verano. La temperatura media anual está comprendida entre los -7 y -10 °C; la temperatura media mensual puede variar en más de 40 °C y la mínima de -50 a -60 °C, mientras que la temperatura media del mes más frío llega a ser inferior a -25 °C.

La composición por especies en el ecosistema de los bosques boreales cambia constantemente. Los principios básicos de la dinámica de las especies boreales son ilustrados por la sucesión natural de los rodales colonizadores, en los que dominan las especies de hoja caduca –abedules, alisos, álamos y chopos–, hacia rodales estables, en los que dominan las coníferas –principalmente píceas y diversos pinos, pero también alerces, abetos, tsugas y tuyas– (2).

Impacto de la acción humana

Antes del período preindustrial, debido principalmente a la hostilidad del clima, la mayor parte de los bosques boreales quedaban al margen de las actividades humanas. Después, el crecimiento demográfico y la mejora tecnológica posibilitaron la colonización de esas tierras remotas. Al principio, no se afectó significativamente a los territorios boreales; los colonos vivían de la caza, la pesca, de las limitadas cosechas de una agricultura de subsistencia y una ganadería que apacentaba en los pastizales boscosos. Aparentemente, no cambiaron mucho el ambiente, pero hay indicios y sospechas de que los pastores nómadas quemaban deliberadamente algunos bosques para mejorar los pastizales.

En el siglo XIX, los bosques de más fácil acceso fueron alterados por la agricultura migratoria, el pastoreo, la utilización de madera para la construcción de casas, como leña o en diversos usos domésticos, la fabricación de carbón vegetal, la extracción de brea y el empleo en la construcción de barcos. Con el cambio de siglo y la llegada de la revolución industrial, se modifica radicalmente el panorama debido a la demanda constante y creciente de materia prima, incluida la madera proveniente de los bosques de coníferas.

Las masas arboladas son consideradas como inmensas minas que pueden ser aprovechadas sin restricciones ni planificación alguna y la explotación maderera pasa a ser la más grave perturbación de los ecosistemas boreales. El proceso iniciado a principios de siglo XX continúa hasta nuestros días. Por el momento, el fuego es el principal artífice del cambio en la región boreal. La actividad humana provoca un mayor número de incendios y existen pruebas de que el cambio climático también ocasiona un aumento de la frecuencia y el riesgo de incendios. El bosque ruso es el más degradado y ha sufrido un gran daño en las últimas décadas; los países con bosques boreales protegen de la explotación maderera menos de un 10% de sus zonas arboladas, excepto Suecia, donde la cifra se sitúa en torno al 20% (4).

Futuro de los bosques boreales

Los países en desarrollo se esfuerzan por igualar el nivel de vida de los países industrializados, que a su vez siguen promoviendo el crecimiento desaforado; por ello, la demanda de productos materiales aumenta constantemente. De las estadísticas demográficas, de producción y de consumo se deduce que inevitablemente aumentará la demanda de madera de los bosques boreales (3). Sin embargo, las dimensiones del bosque boreal pueden conducir a un cálculo exagerado de las posibilidades efectivas para producir madera: los bosques muy alejados de los centros de población y consumo, así como los situados en terreno de difícil acceso o de clima extremo, quedan fuera de los límites económicos de la extracción y el transporte. Según cálculos del Comité de la Madera de la CEPE para 1980, las extensiones de bosque cerrado inexplotable eran de 260,7 millones de hectáreas entre Europa y Asia; 49,3 millones en Canadá y la mayoría de los bosques propiamente boreales de Alaska (2).

Será inevitable armonizar el cultivo y la extracción de madera en los lugares accesibles con los demás beneficios que se esperan de los bosques boreales. Para la industria, en países como Canadá o Rusia, desde el punto de vista de la producción sostenible de madera, lo más importante es determinar con qué especies conviene repoblar las extensiones taladas o quemadas y cuánto tiempo tardarán en evolucionar hasta constituir masas valiosas de coníferas y cuáles son las medidas silvícolas viables y remuneradoras que será preciso adoptar para acelerar el proceso en diferentes condiciones. En muchas regiones en las cuales se han estado explotando a fondo los bosques hay una creciente necesidad de incrementar la producción por unidad de superficie de bosque aprovechable y garantizar la producción sostenible de madera por medios silvícolas. Será imposible basar el abastecimiento de madera como se hacía en el pasado, en la explotación de bosques vírgenes cada vez más distantes, porque hay límites inevitables más allá de los cuales el costo de la extracción, el transporte y la infraestructura sobrepasan el precio que los consumidores están dispuestos a pagar por la madera. Con toda probabilidad, la superficie de bosques en que se deberá prohibir parcial o totalmente la producción de madera por razones de protección o por otras razones ambientales, será siempre mayor; como en el caso de las zonas más remotas del Canadá, de los bosques siberianos y de otras partes de Rusia en que está prohibida la tala rasa (2).

Consideraciones ambientales

Es bien sabido que el carbono de la Tierra ni se crea ni se destruye, simplemente se reutiliza constantemente en un ciclo que lo lleva a formar parte de la materia orgánica, a disolverse en el océano o acumularse en la atmósfera (3). Las cantidades de carbono que absorben de la atmósfera una selva tropical y un bosque boreal, así como las que se liberan mediante sus respectivas deforestaciones, han sido estudiadas por los científicos y publicadas recientemente (5). Estos últimos concluyen que las selvas y bosques eliminan de la atmósfera cada año una cantidad de carbono equivalente a un tercio de lo que se emite anualmente por la quema de combustibles fósiles. Los nuevos datos descubren que el papel de las selvas y bosques como sumideros de carbono es más importante de lo esperado. Así mismo, otra conclusión esencial es que la reforestación cuenta más de lo que se presumía. No obstante, eso no significa que baste una mejor gestión de los bosques para resolver el problema del cambio climático (no hay suficiente suelo en el planeta como para que los árboles almacenen todo el carbono que emitimos quemando combustibles fósiles) y el mensaje sigue siendo inequívoco: hay que dejar de quemar petróleo y carbón (5).

Las previsiones climáticas para un futuro advierten que en la zona boreal la temperatura subiría más en invierno que en verano y aumentarían las precipitaciones; los bosques boreales se retirarían hacia el norte y quedarían formando un estrecho cinturón comprendido entre el Océano Ártico y el bosque mixto templado. En las regiones que hemos considerado, cambiará la composición de especies y los extensos bosques de coníferas evolucionarán hacia bosques mixtos de caducifolios (verdes sólo en verano). Los avezados expertos de muchos organismos oficiales y los científicos pagados por las multinacionales confían en que, de todas maneras, se mantendrían las masas de coníferas, porque si alguna especie perdiese su capacidad natural para regenerarse siempre podría reponerse de manera artificial. No obstante, toda manipulación antrópica dista de ser inocua, ya que en ese caso es evidente que se agravaría la amenaza de insectos y hongos, pues las especies dañinas procedentes de las zonas templadas invadirían la zona boreal antes de que fuera posible introducir genotipos de árboles resistentes a las mismas y, por consiguiente, habría que aplicar más medidas preventivas de las que ahora se usan.

Las consideraciones políticas

El potencial manejo del carbono en los ecosistemas es reconocido por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Protocolo de Kioto, a través del LULUCF, el sector de uso del suelo, cambio en el uso del suelo y actividades forestales. No obstante, la política internacional en materia de clima sólo aborda parcialmente las emisiones ocasionadas por el cambio en el uso del suelo y contribuye poco a apoyar las actividades de secuestro biológico. El establecimiento de un marco general de políticas, bajo la CMNUCC, para abordar la gestión del carbono en los ecosistemas, representaría un avance muy significativo. El potencial técnico para mitigar el cambio climático mediante la gestión del carbono biológico, su almacenamiento y secuestro es grande, pero llevarlo a cabo depende de contar con un marco de políticas adecuadas que lo permita, lo que actualmente no existe, ya que, entre otras deficiencias graves, falta la participación de los países en desarrollo. En definitiva: actualmente, la gestión del carbono en los ecosistemas no cuenta con el apoyo de una política internacional (3).

Por finalizar, advertir que la creciente demanda de recursos ha hecho que la minería, la industria maderera y el desarrollo urbano hayan aumentado tanto en estas últimas décadas que se ha producido una pérdida notable de bosque en algunas de estas regiones. Aunque los gobiernos no reconozcan el cambio que se está produciendo, se considera que sólo un 40% del total de estos bosques permanece intacto, y que el grado de fragmentación entre ellos aumenta (4).

Los esfuerzos por fomentar el desarrollo y aprovechamiento del bosque boreal y por determinar su papel en un medio ambiente futuro deberán basarse en las conclusiones que se desprendan de las investigaciones realizadas en un marco ecológico en que se tenga en cuenta la dinámica de las especies (2, 6). Como de costumbre, queda postergado el debate social para ver cuánto tiempo más estamos dispuestos a permitir que sean las compañías con intereses económicos y los grandes grupos financieros quienes dicten las reglas del juego de la gestión de un bien común tan irrenunciable para la salud del planeta como lo son nuestros bosques.

Notas y referencias

  1. Kuusela, K., 1990 – The dynamics of boreal Coniferous Forests. The Finnish National Fund for Research and Development (SITRA), Helsinki, Finland.
  2. Kuusela, K., 1992 – Reseña de los bosques boreales (Boreal forestry in Finland: a fire ecology without fire). En: Los bosques boreales. Unasylva, FAO, 43 (170): 22.
  3. ¿La solución natural? El papel de los ecosistemas en la mitigación del cambio climático. Evaluación rápida del PNUMA. 2009
  4. “Alertan sobre la degradación de los bosques boreales” (El Mundo 31-08-2009).
  5. “Selvas tropicales frente a tubos de escape” (Mónica G. Salomone – El País, suplemento “Tierra”. 24-08-2011)
  6. Consultar la página web: http://www.fao.org/docrep/u6850s/u6...




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