El Espartal, Valdemoro (Madrid)

Cemento y golf contra campiñas

José María Rodríguez. Revista El Ecologista nº 53.

El Espartal es una finca de gran valor paisajístico y ecológico situada en el término municipal de Valdemoro (Madrid). Tiene una extensión de 1.318 hectáreas, de las cuales 746 están incluidas en el Parque Regional del Sureste. Este espacio protegido es, además, ZEPA –Cortados y cantiles de los ríos Manzanares y Jarama–, se encuentra recogido en el Anexo I de la Directiva hábitat por albergar un tipo de hábitat natural de interés comunitario y ha sido identificado por la Comunidad de Madrid, como uno de los 7 lugares de Importancia Comunitaria (LIC de las Vegas, cuestas y páramos del Sureste), para su incorporación en la red Natura 2000, como Zona Especial de Conservación (ZEC).

Por último, está declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid, con la categoría de Zona Arqueológica, al encontrarse en su interior el yacimiento del famoso vaso campaniforme de Ciempozuelos, descubierto en 1894 en el Cerro Castillejo, que ha servido de epónimo en todos los estudios adscritos al horizonte campaniforme peninsular. También se menciona la existencia de una villa tardorromana que se prolonga hasta épocas hispano-visigodas y una necrópolis con tumbas de fosa e innumerables objetos como puntas de flecha, cuchillos, lascas y láminas de sílex, cuarcita e incluso fibrolita.

El Espartal también nos muestra vestigios de su ancestral uso ganadero: ruinas de la casa del guarda, corrales, vivienda de los pastores y cuevas en las que éstos se cobijaban, así como cuatro vías pecuarias: del Molino, de la Cárcava, de Valdefuente y del Soto, que se conectan con las del vallejo del arroyo de La Cañada.

Hasta hace poco menos de una década, las mulas y las reses campaban por esta zona, mientras que en el sector suroeste, en el valle de la Cárcava, había cultivos de cereal de secano. A comienzos del siglo XX el titular de la finca era el Marqués de Aguilafuente, que se adjudicó la propiedad de gran parte de la Dehesa Boyal de Valdemoro (en donde se encuentra el conocido parque Bolitas del Airón y su singular bosquete de árbol del paraíso), a la que por entonces pertenecía una parte de la finca de El Espartal.

¿Qué nos aporta El Espartal?

La comunidad vegetal de la zona de los cerros y de El Espartal es de naturaleza edafoxerófila. Es decir, está directamente relacionada con la litología sobre la que se asienta (materiales sedimentarios como yesos y margas, ricos en sulfatos) y con las condiciones climáticas, caracterizadas por una extrema sequía durante el verano. Esto condiciona y modela las adaptaciones de las plantas, permitiendo la existencia de especies de flora endémicas o exclusivas de la zona.

La importancia de estas formaciones vegetales ha sido reconocida en la Directiva de Hábitats de la Unión Europea. Así, en El Espartal encontramos hábitats catalogados como prioritarios: pastizales continentales, matorrales halonitrófilos, estepas salinas mediterráneas, vegetación gipsícola ibérica y zonas subestépicas de gramíneas. Además, la finca de El Espartal destaca por poseer el retamar basófilo más extenso y mejor conservado de la Comunidad de Madrid.

El Espartal también cuenta con dos inquilinos muy relevantes que utilizan el paraje como enclave estratégico para su alimentación. Uno de estos inquilinos es la avutarda, en peligro de extinción a nivel mundial, cuyas poblaciones se asientan de forma estable en dos lugares próximos: Torrejón de Velasco-secanos de Valdemoro (con 133 aves en el año 2005) y en Pinto (algo más de 60 individuos en 2005, que utilizan El Espartal como zona de movimientos dispersivos y de campeo, siendo un lugar potencial de recolonización de la especie en el futuro). La otra especie más relevante es el cernícalo primilla, rapaz en peligro de extinción en la Comunidad de Madrid y cuya población más importante se encuentra próxima a Valdemoro (24 parejas en 2005).

Por otra parte, el 15 % de las especies de aves que habitan o usan El Espartal como cazadero se encuentra protegidas, destacando además de las dos anteriores, el sisón común, ganga, ortega, aguilucho cenizo, búho real, águila culebrera, águila calzada, alcaraván común, tarabilla norteña y chova piquirroja.

El listado faunístico se completa con la presencia de 3 especies de anfibios, 7 de reptiles y 11 de mamíferos.

Por tanto, estamos ante el último vestigio de un territorio no transformado por el proceso urbanístico, que contribuye a equilibrar el medio ambiente del municipio de Valdemoro. El Espartal, junto al Parque Regional y el vallejo del arroyo de La Cañada, constituyen una malla ecológica interconectada que favorece los procesos ecológicos en el sureste del municipio, configurando un espacio libre, de un gran valor paisajístico que aporta calidad de vida a la ciudadanía.

Un grave peligro: la urbanización

Los importantes valores de biodiversidad, culturales y de beneficios ambientales de El Espartal están amenazados. El 17 de enero de 2005 se publicó en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid la redacción del plan de Sectorización y de los correspondientes proyectos de urbanización de una importante parte de la finca (573 hectáreas), promovido por la empresa pública ARPEGIO.

El proyecto pretende transformar una parte sustancial de El Espartal en una urbanización de lujo de 6.100 viviendas, complejo hotelero, club de campo, área empresarial y un campo de golf. La urbanización se construiría desligada del casco urbano de Valdemoro y de sus equipamientos y servicios, lo que obligará a construir una carretera que comunique a ambos, que discurrirá por el vallejo del arroyo de La Cañada, junto al parque Bolitas del Airón, fragmentando este corredor ecológico.

Pero, además, el proyecto de El Espartal es la pieza inicial de un desarrollo urbanístico y de infraestructura de mayor calado, que pretende crear un eje urbano, conectado con el parque temático de la Warner en San Martín de la Vega y la urbanización Ciudad Jardín (Aranjuez), en donde se localiza el casino.

Con el nuevo desarrollo urbanístico Valdemoro vería incrementada su población actual –unos 50.000 vecinos– en otros 20.000 habitantes más, a los que habría que añadir otros 45.000 cuando se desarrolle al actual Plan General de Ordenación Urbana. De esta manera, un pueblo tranquilo se convertiría en una ciudad insostenible de 120.000 habitantes, carente de servicios mínimos de calidad. Así, el medio ambiente de Valdemoro y nuestra calidad de vida se resentirían de forma irreversible: mayor densidad urbana; incremento del tráfico; impactos asociados a las infraestructuras básicas del territorio que habrá que llevar a la nueva ciudad (abastecimiento de agua potable, evacuación de aguas residuales, energía eléctrica, telefonía, etc.); sin olvidar el gran consumo de agua necesaria para regar el campo de golf.

Y por si todo esto fuera poco, hay que tener en cuenta que la nueva urbanización y su carretera asociada rodearían de cemento y asfalto al Parque Regional del Sureste, reduciendo sus valores ecológicos, además de cortar el corredor ecológico del arroyo de La Cañada en dos. Y es que la transformación urbanística de El Espartal ocuparía unos 6 km2 de extensión, de los 64,2 km2 que tiene el municipio, es decir, la décima parte de su superficie.

Si los planes de ARPEGIO salen adelante, los valdemoreños perderemos uno de los últimos recursos paisajísticos de singular plasticidad que nos quedan, las campiñas alomadas, y la posibilidad de gozar de un espacio rural que contribuye a dotar de calidad a un municipio cada vez más congestionado y lleno de ladrillos y cemento.




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