Recuperar el agua de lluvia

Algunas experiencias en edificios colectivos en Francia.

Ing. Bernard de Gouvello, Centre Scientifique et Technique du Bâtiment. Revista El Ecologista nº 37.

La recuperación del agua de lluvia en los edificios es una práctica que existe desde hace milenios. Encontramos ejemplos hace más de 4.000 años en Egipto, donde muchas casas disponían de techos que permitían la captación del agua de lluvia. La arquitectura de las casas romanas también hacía hincapié en este aspecto, diseñándose el atrio para recuperar el agua merced a un impluvium que alimentaba los aljibes subterráneos [1].

El movimiento higienista de finales del siglo XIX impuso en muchas ciudades el abastecimiento de agua a través de una red pública. La construcción de redes de agua potable y de aguas negras permitieron alejar los peligros de epidemias que marcaron hasta ese momento la historia de muchas ciudades. Pero, a causa de la centralización que la lógica higienista implicaba, casi desapareció la recuperación de agua pluvial.

Sin embargo, desde hace ya unas décadas, el interés por la recuperación volvió a aparecer, primero en lugares con escasez de agua, pero también en espacios con una convicción ecologista fuerte, como es el caso de algunos Länder de Alemania, donde se promovió la recuperación de agua de lluvia para usos exteriores (jardín, lavado de coches), así como para ciertos usos dentro de la casa (retretes, lavadoras), para los cuales se considera absurdo utilizar agua potable cuando, con sencillas precauciones, se puede usar el agua de lluvia [2].

El objetivo de este artículo es describir la actualidad de esta cuestión en Francia, basándose en datos recopilados por el CSTB (Centre Scientifique et Technique du Bâtiment) donde desde hace más de cinco años se realizan estudios sobre la recuperación de agua de lluvia en edificios colectivos.

El contexto francés

La captación y utilización del agua de lluvia despierta un interés cada vez mayor en Francia. Algunos fabricantes de cisternas han visto aumentar sus ventas, debido a la creciente demanda, a menudo de propietarios de casas individuales que desean aprovechar la lluvia para regar el jardín o lavar el coche. Hoy día mucha gente percibe esta acción como una solución ecológica, pero también interesante desde el punto de vista económico, debido al incremento del precio del agua potable.

En algunos casos, la administración ha tomado iniciativas para animar a recuperar el agua de lluvia, como es el caso de las ciudades de Loos-en-Gohelle (norte de Francia) o de Lorient (Bretaña). En 1999, la municipalidad de Lorient compró un lote de 1.000 cisternas de PEAD (polietileno alta densidad) de 500 litros de capacidad, equipadas para su fácil instalación en la bajada de aguas de cualquier edificio. Estas cisternas se vendieron a mitad de precio a los ciudadanos interesados. La iniciativa tuvo mucho éxito, vendiéndose el lote en poco tiempo y, además, las ventas de cisternas crecieron de manera notable en la región.

La situación es más complicada en lo que se refiere a la utilización de agua de lluvia para usos internos (como descarga de agua de retretes), pues a menudo supone la construcción de una doble red en los edificios. Además, la reglamentación existente dificulta la utilización del agua de lluvia, sobre todo en edificios colectivos. En la normativa francesa (decreto 2001-1220), no queda clara la definición del agua destinada al consumo humano. El texto indica que se trata de todas las aguas “destinadas a la bebida, al cocimiento, a la preparación de alimentos u otros usos domésticos”. Pero no aclara cuáles son estos “otros usos domésticos”. En particular, es imposible deducir del texto si el agua que se usa para los retretes tiene que ser considerada como tal. Una interpretación restrictiva imposibilitaría la utilización de agua de lluvia para dicho uso.

En este contexto de poca definición reglamentaria, cualquier proyecto que pretenda utilizar agua de lluvia para los retretes de edificios colectivos (viviendas, oficinas o edificios públicos) tiene que contar con una autorización específica otorgada por la administración sanitaria local. Con la excusa de proteger la salud pública, dicha entidad puede oponerse a la realización de un proyecto o, de manera menos radical, exigir requerimientos técnicos adicionales en la definición de éste. Es de constatar que, hasta hoy día, las decisiones adoptadas y los requerimientos adicionales pedidos por dichas autoridades sanitarias varían mucho de un departamento al otro, y parecen más relacionados con posturas individuales que con la aplicación de verdaderos criterios científicos.

Es aquí donde el CSTB justifica su actuación. Este organismo está acumulando datos para la realización de un manual de prescripciones sobre el diseño, construcción, utilización y mantenimiento de este tipo de instalaciones. A tal fin, el CSTB viene realizando estudios específicos, por ejemplo, sobre la calidad del agua de lluvia [3] y de seguimiento de instalaciones existentes o en realización. A continuación se presentan dos de estas experiencias.

Viviendas colectivas en Meillonnas

Meillonnas es una pequeña ciudad del centro-este de Francia (departamento de Ain). El inmueble donde se desarrolla la experiencia tiene 12 viviendas, repartidas en tres niveles, donde viven un total de 37 personas. El agua se recupera sólo en el tejado, cuya base horizontal tiene una superficie de 458 m2. Después de una filtración basta (dos rejillas con mallas de 5x5 mm y de 2x2 mm), se almacena en el sótano del edificio en 15 tanques de PEAD modulares de 1 m3. Un sistema permite enviar el agua sobrante hacia la red pública de desagüe. El agua se vuelve a filtrar (mallas de 100 μm) y se bombea desde el sótano hacia dos pequeños tanques de PEAD de 750 litros ubicados encima de las dos escaleras que tiene el edificio. Un grifo abastecido por la red de agua potable permite llenar estos dos tanques cuando no hay suficiente agua en el sótano.

Los dos tanques abastecen los retretes por gravedad, estando el sistema diseñado para cubrir el 80% de las necesidades para este uso, pero también es posible usar el agua para otros usos, como la limpieza de los cubos de basura, etc.

El seguimiento de la instalación entre febrero de 1997 y julio de 1998 concluyó que se recuperaron 186 m3 de agua, con los que se cubrió el 53% de las necesidades de los retretes. El trabajo del CSTB permitió poner en evidencia diversos problemas de la instalación: insuficiente calidad y mantenimiento; escasa accesibilidad de los tanques de abajo que dificulta su limpieza; existencia de un consumo eléctrico adicional de calefacción para evitar que se hiele el agua en los tanques de arriba; sistema de filtración mal diseñado, etc. Este seguimiento enriqueció el trabajo del CSTB sobre la utilización del agua de lluvia en la vivienda [4], lo que ha permitido mejorar las nuevas experiencia actualmente en marcha.

El instituto Léonard de Vinci

El instituto de enseñanza secundaria Léonard de Vinci, en Calais, está diseñado para un máximo de 1.700 alumnos, aunque el número actual es de 1.500. Se recupera la lluvia en una superficie de 1.000 m2, que constituyen una parte de la cubierta del instituto. El agua se almacena en un estanque al aire libre de 300 m3 de capacidad [5]. Un lecho de arena permite la filtración del líquido antes de dirigirlo hacia dos cisternas de PEAD de 2 m3 conectadas entre sí. Un grupo de presión permite la distribución del agua a través de una red diferenciada. El agua recuperada se usa en su mayor parte para los retretes, pero aproximadamente una quinta parte sirve también para riego de espacios verdes y lavado de máquinas.

Los tres años de funcionamiento del sistema demuestran que fue bien dimensionado y que funciona con eficiencia. Entre septiembre 1998 y marzo 2002, se usaron 2.790 m3 de lluvia, mientras el aporte de agua de la red pública por falta de lluvia sólo fue de 46 m3. Es decir, que la casi totalidad del agua necesaria para los retretes, el riego y el lavado fue aportado por la recuperación de lluvia. Durante dicho período, el sistema tuvo que hacer frente sólo a un problema importante: el desarrollo de algas en las cisternas, tiñendo de verde el agua de los retretes. Este problema fue rápida y fácilmente superado merced a la instalación de un equipo de cloración.

Los resultados de la experiencia del instituto Léonard de Vinci demuestran el interés de la recuperación y utilización de agua de lluvia en institutos escolares, donde las superficies de colecta permiten recuperar grandes cantidades de agua y donde el sistema puede ser mantenido de forma eficaz por un sólo técnico.

Concluyendo, la carencia de un marco técnico y reglamentario para la difusión de una práctica interesante ecológica y económicamente, como es la recuperación de agua de lluvia, es cada vez más notable en Francia. El estudio y el seguimiento de experiencias como las mencionadas permiten identificar problemas claves tanto desde el punto de vista de la salud pública como para mejorar la eficiencia de las instalaciones. A partir de dicha identificación es posible elaborar normativas para que la recuperación de agua pluvial pueda ser desarrollada con eficiencia y sin riesgo para la salud de las personas.




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