La OMC después de Cancún

Nuevas perspectivas tras el fracaso de esta reunión.

Luis González Reyes, Ecologistas en Acción [1]. Revista El Ecologista nº 38.

La reunión de la OMC en Cancún, celebrada en septiembre de 2003, ha sido un fracaso. Sin embargo, eso no quiere decir que el camino que se empezó hace dos años en Doha, la Ronda del Desarrollo, se haya truncado definitivamente, como quieren hacernos creer, ya que las negociaciones continuarán. Eso sí, ahora de una manera, si cabe, mucho más opaca en la sede de la OMC en Ginebra. Así, Cancún no es un punto y final sino un punto y seguido. Pero, un punto gordo, que se ha metido en el zapato del capital de forma muy molesta.

La ya maltrecha OMC ha quedado muy dañada tras el colapso de las negociaciones en México y las movilizaciones sociales en todo el mundo, reforzando su pésima imagen ante la opinión pública. Aunque el debate que ha salido a la sociedad de manera muy interesada continuaba enardeciendo el libre comercio como la solución a las desigualdades, ha quedado definitivamente al descubierto el sistemático uso por parte de los países del Centro de chantajes y mentiras.

El fracaso en Cancún ha tenido dos grupos de actores fundamentales. Por una parte, el interés de EE UU y la UE en meter todas las negociaciones en un paquete y no hacerlas por separado. Ésta es una estrategia que persigue, con el azúcar de algunas cesiones (como la reducción a las ayudas a la producción algodonera de la UE) meter la píldora de nuevas liberalizaciones (como la apertura a las inversiones). Pero aún asumiendo que la diplomacia norteamericana y europea realmente hubieran abogado por la cancelación de barreras comerciales esto hubiera ido en beneficio de las multinacionales, no de los pueblos. Y, además, todavía habrían quedado las barreras fitosanitarias, prohibiciones de comercio por temporada y otras barreras como las que se imponen a artículos procesados en detrimento del comercio de textiles. A lo que hay que añadir todas las artimañas legales con las que la UE y EE UU crean una barrera comercial de facto, independientemente de los acuerdos de libre comercio.

En todo caso, el interés de EE UU y de la UE para que Cancún tuviese éxito no ha sido el mismo. El primero ha mostrado mucho menos ahínco, ya que gran parte de lo negociado en Cancún ya lo había alcanzado mediante numerosos acuerdos bilaterales con otros Estados. En cambio, la UE sí que tiene más necesidad de esos acuerdos multilaterales, al tener menos avanzados los bilaterales. Por tanto, ahora se reforzarán las negociaciones bilaterales, donde la capacidad de resistencia de la Periferia es mucho menor, la información pública aún más reducida y la capacidad de respuesta de los movimientos sociales disminuye. Como positivo hay que destacar que la vía de las negociaciones bilaterales es, tal vez, más lenta y tediosa que la de las multilaterales.

La segunda pieza de este fracaso ha sido la aparición del ya famoso G-23, con Brasil, India, China y Sudáfrica a la cabeza. Un grupo que ha conseguido resistir a los chantajes de EE UU y la UE mostrando que la propuesta final de acuerdo no presentaba plazos claros para la reducción de ayudas a la agricultura en EE UU y la UE. Esto es un hecho novedoso en la historia de la OMC (y su antecesor el GATT) y da cuenta de un mundo que, pese a la apariencia totalmente polarizada en un único centro rector, EE UU, muestra que dicho hegemón es cada vez más incapaz de hacerse obedecer por otros centros de poder. Definitivamente, aunque los intentos son potentes, no parece que los tiempos del imperialismo puedan volver.

El fracaso en Cancún supone también el fortalecimiento de algunos estados periféricos, como Brasil, China o India, lo cual es positivo por el reparto de poder que supone, aunque sea mínimo. En todo caso, hay que matizar que el G-23 está mayoritariamente enfocado a los temas de agricultura, y no se extiende a muchas otras cuestiones, en algunas de las cuales las diferencias entre esas naciones son evidentes, lo que hace pensar que la fortaleza mostrada no dure mucho, máxime cuando se vaya minando con acuerdos bilaterales.

A partir de ahora a los movimientos sociales nos toca la difícil tarea de continuar el hostigamiento de la OMC y su Ronda del Desarrollo sin ser ya el centro de la atención pública.

Los grandes temas de Cancún

- Eliminación de las trabas al libre comercio

- Comercio de servicios: una vez conseguida la liberalización de los servicios comerciales y financieros, se quiere dar un nuevo impulso con la negociación del Acuerdo General de Comercio de Servicios para privatizar sobre todo los servicios públicos (abastecimiento de agua, sanidad, educación, pensiones).

- Liberalización de las inversiones: el intento de implantar el Acuerdo Multilateral de Inversiones permitirá invertir sin cortapisas en la Periferia y, lo que es más importante, retirar la inversión cuando se desee, no importando las consecuencias que ello pueda ocasionar (paro, crisis económica, problemas ambientales, etc.).

- Derechos de Propiedad Intelectual: salvo la excepción de ciertos medicamentos, la línea ha sido tender hacia su aumento.




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