Ecología Profunda

La Naturaleza como absoluto.

Carmen Velayos Castelo; profesora de ecoética en la Universidad de Salamanca. Revista El Ecologista nº 45.

Un interesante movimiento filosófico, con poco más de 30 años de historia, que defiende que todas las formas de vida tienen el mismo valor y que son imprescindibles cambios radicales en nuestra forma de actuar para mejorar tanto nuestra calidad de vida como la del resto de los seres con los que compartimos el planeta.

No es extraño que el Movimiento filosófico conocido como Ecología Profunda (Deep Ecology) despierte respuestas diversas en un mismo sujeto. Ése es mi caso. Sería fácil pero inadecuado centrar sólo mi mirada en lo que me fascina de dicho Movimiento. Igualmente, resultaría injusto recabar únicamente los que, desde mi punto de vista, son sus riesgos y carencias. Por eso, voy a empezar este breve encuentro con la Ecología Profunda (EP) a partir de los datos.

El fundador del movimiento es el noruego Arne Naess, quien en 1973 escribe un artículo demoledor en la revista Inquiry. En él distingue claramente entre los intentos superficiales (shallow) de acceder a los problemas y los profundos (deep). Según Naess, una filosofía profunda es aquella que profundiza, buscando la raíz última de los problemas y haciendo continuas preguntas sobre los mismos. Ser profundo es negarse a taponar agujeros sin saber por qué se han creado, o a alimentar con pequeños bocados el hambre de meses.

Permítanme que muestre mi interés y mi admiración por esta pretensión de radicalidad. No, no estamos para disimulos. Necesitamos algo más que corregir los síntomas. Es urgente cambiar creencias equivocadas, actitudes históricas, conductas consagradas. Y, para la EP, la cadena entre la acción y su origen de pensamiento es fundamental. Este movimiento supone una nueva forma de pensar nuestra relación con la Tierra, pero el pensamiento es siempre concebido como preludio de la acción.

La EP no consiente medias tintas. Si de verdad queremos afrontar la crisis ecológica global que nos acecha, se requiere un cambio completo en la manera de concebir nuestra relación con la naturaleza. En suma, necesitamos una nueva filosofía, una nueva ciencia, una nueva ética y una nueva política. Se trata de crear una Ecosofía, una sabiduría completa. O más de una. Bajo esta básica pretensión de búsqueda de las causas últimas y del origen de los problemas, la EP parece abierta a construcciones diversas. No sólo hay una Ecosofía sino muchas.

Las fuentes de inspiración del movimiento resultan de lo más heterogéneas. Se puede decir que Naess solicita dos únicas condiciones para poder ser calificado como ecólogo profundo. La primera parece clara con lo expuesto hasta ahora. Se trata de llegar hasta el final en los razonamientos y argumentaciones. La segunda es ya sustantiva, como si la pretensión formal de profundidad sólo pudiera conducirnos a un determinado punto en lo que hace a las asunciones de contenido. De hecho, las raíces profundas generan un árbol de ocho ramas, los ocho principios de la plataforma conceptual de la EP (ver cuadro).

Principios de la Ecología Profunda
  1. Todas las formas de vida poseen valor intrínseco;
  2. la riqueza y la diversidad de la vida contribuyen a la realización de estos valores y son ellas mismas valores;
  3. el ser humano no tiene “derecho” a disminuir esta diversidad salvo para satisfacer “necesidades vitales”;
  4. la interferencia del ser humano en el mundo no humano es excesiva y va a peor;
  5. se requiere una disminución de la población;
  6. la política convencional ha de cambiar en sus estructuras económica, tecnológica e ideológica;
  7. el principal cambio es apreciar la “calidad de vida” por encima del “nivel de vida”;
  8. los que suscriben los siete puntos previos tienen la obligación de generar los cambios necesarios.

Como puede observarse a partir de los principios de la EP, el igualitarismo biocéntrico es uno de los principios fundacionales. También lo es la pretensión de no dañar a no ser que sea para satisfacer una necesidad vital. El resultado práctico de dichas asunciones es casi un ascetismo conductual en comunión con la naturaleza.

Otra forma de entender la EP es a través de la metáfora de un edificio. El piso de entrada es el de la plataforma antes expuesta (segundo nivel de reflexión según Naess). Pero éste necesita los cimientos de los fundamentos filosóficos o religiosos, es decir, de una ecosofía (primer nivel). Las fuentes de las que bebe la EP han sido muy heterogéneas (Spinoza, taoísmo, budismo, Jefferson, primitivas culturas americanas, por ejemplo). Todas ellas, eso sí, comparten una visión no reduccionista de la naturaleza como totalidad y, por supuesto, su antiantropocentrismo.

El piso por encima de la plataforma (tercer nivel) es el de los estilos de vida y las medidas políticas, que siempre han de tener a su base los postulados inferiores. Y, por último, está la descripción concreta de situaciones y decisiones particulares (cuarto nivel).

Igualitarismo biocéntrico y autorrealización

Por supuesto, Arne Naess ha elaborado su propia ecosofía (primer nivel) que, según insiste, es sólo una de las posibles. Debido, sin embargo, a la relevancia de la misma y a su aceptación por los miembros más populares del movimiento, como Bill Devall, George Sessions o William Fox, hemos tendido a identificar a toda la EP con dicha formulación. Dos son sus famosos supuestos: el igualitarismo biocéntrico y la autorrealización. El primero es también, como hemos visto, un principio central de la plataforma profunda, mientras que el segundo responde ya a una visión concreta de nuestra relación con ella. La autorrealización naessiana supone una progresiva extensión del yo original hasta convertirse en un yo-universo. El resultado es una visión del todo natural compacta, repleta de valor y sin fisuras. El yo original y solipsista se hallaría desarraigado, pero la identificación progresiva con la naturaleza (parte esencial de uno mismo) le otorgaría la plenitud perdida.

La pretensión de absoluto y totalidad a través del proceso autorrealizativo parece hoy ya tan decisiva que se ha terminado identificando con el movimiento per se. Y si el mundo es UNO, cualquier jerarquía, cualquier “ismo” (racismo, sexismo, etnocentrismo...) debería abandonarse por incoherente.

Desde luego, esta pretensión de UNIDAD ha despertado –y lo sigue haciendo aunque en menor medida que en el pasado siglo– muchas adherencias apasionadas. Se renuncia al atomismo de los individuos actuales fragmentados y desconectados en las sociedades tardomodernas. Se buscan ansiosamente nuevas conexiones: con la naturaleza, con las emociones (escondidas o taponadas generalmente por el yo racional), con la espiritualidad. El resultado es un Movimiento claramente postmoderno, crítico y hasta revolucionario. El problema, sin embargo, es que su carácter teórico es fundamentalmente metafísico. No existe -ni quiere haberlo- un talante argumentativo ético-político.

La fundamentación de la plataforma de principios arriba expuesta es ontológica y no genera criterios normativos para guiar las decisiones prácticas de la vida cotidiana. Por eso, la EP ha generado distintas utopías con plasmaciones prácticas muy heterogéneas. Quizás, la más generalizada es la de la vida comunitaria y autosuficiente, para satisfacer tan sólo necesidades vitales.

Pero es inevitable que la negación conjunta de la ética, de la racionalidad y de la primacía de la libertad moderna genere también innumerables sospechas entre los especialistas. Una de las más recurrentes –y quizás extrema– es la que ve rasgos de intolerancia y de fascismo ecológico en el Movimiento pues, insisto, la Ecología Profunda no nace de la libertad sino de una visión del mundo que no tiene por qué ser compartida. Unido a lo cual, está la hipótesis (popularizada por algunas ecofeministas, entre otros), de que la disminución de desigualdades preconizada por los teóricos profundos, requiere la atribución de derechos y de libertades a los excluidos (i.e. las mujeres), no siendo ésta una tarea central para la Ecología Profunda. Incluso, parece contradictoria con algunos de los pensamientos premodernos en los que se inspira.




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