Límites al uso de recursos

La única forma viable de propiciar la justicia ambiental y social pasa por establecer un límite personal al uso de materiales y energía.

Annelies Broekman y Samuel Martín-Sosa Rodríguez, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 79.

Los recursos básicos como el agua, la pesca, la madera, los suelos fértiles para cultivar alimentos, el aire limpio, los recursos energéticos… están sometidos cada vez a mayores presiones. A menudo las soluciones se plantean en términos de mejorar la eficiencia en su uso, pero sin cuestionar el crecimiento económico que, a la postre, conlleva un mayor uso de dichos recursos. Justo para buscar soluciones a este problema surge la Resource Cap Coalition, una coalición que aboga por el establecimiento de topes absolutos individuales a escala mundial en el uso de recursos.

“La vida surgió y evolucionó en la tierra a partir de una ‘sopa primigena’, la civilización industrial la está empujando hacia una especie de ‘puré póstumo’ en el que están revueltos todos los materiales que la componen”
J. M. Naredo [1]

El ritmo creciente de extracción de recursos que alimenta nuestro sistema económico está afectando a la funcionalidad de los ecosistemas de tal manera que ni siquiera las personas más escépticas lo pueden obviar. Ecologistas en Acción ha documentado muchísimos casos que, enfocados en diferentes áreas de análisis, están vinculados al mismo problema: la sobreexplotación de recursos y la contaminación están afectando a todos los elementos en que se basa la vida del planeta.

El diagnóstico formal también es claro: todos los informes, elaborados por las administraciones e institutos de investigación internacionales de referencia publicados en la última década, concluyen que la base material de nuestra economía está siendo gestionada de manera inadecuada en términos físicos, económicos y sociales.

Cada persona consume hoy en la UE 16 toneladas de materiales al año, 6 de las cuales se convierten en residuos, la mitad de los cuales terminan en los vertederos [2]. La acumulación de residuos y el impacto que conlleva sobre los suelos, el agua y el aire en el lugar de consumo final constituyen una de las principales preocupaciones de las políticas ambientales. Paradójicamente, el debate no se orienta prioritariamente a analizar la causa de esta situación: la importación masiva de recursos de todo el mundo y el impacto que genera en los países de origen [3].

En 2010 se evidenció este fenómeno con el concepto de deuda ecológica [4] identificando la responsabilidad contraída por los países industrializados por la destrucción del planeta causada por sus patrones de consumo y producción. Este modelo, además, ha introducido la apropiación gradual y el control de los recursos naturales por parte de las empresas multinacionales, generando nuevas formas de colonización que se escapan a las dinámicas clásicas de relación entre Estados soberanos, y como consecuencia, a los mecanismos de control democrático.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? El imperativo, más allá del sentido común, ha sido el crecimiento económico ilimitado en un planeta finito.

Desacoplar... disparates

La UE ha publicado diferentes documentos estratégicos: la Estrategia Temática Hacia un uso sostenible de los recursos naturales (Comisión Europea, 2005), contemplada en el 6º Programa de Acción Medioambiental, o la reciente Iniciativa emblemática para una Europa eficiente en recursos (Comisión Europea, 2011), publicada como una de las siete patas sobre las que se asienta la Estrategia Europa 2020 (heredera de la Estrategia de Lisboa). Estos documentos confirman la gravedad del diagnóstico sobre el actual uso insostenible de los recursos, pero indican soluciones políticas similares: el principal motor propuesto para avanzar hacia la sostenibilidad es simplemente usar los recursos de forma más eficiente gracias al avance tecnológico.

En ningún momento se cuestiona el actual modelo de crecimiento económico, considerado algo irrenunciable que acompaña como un dogma a cualquier propuesta. La clave de este enfoque reside en que este incremento de eficiencia de uso de los recursos permite desacoplar el crecimiento económico de los impactos ambientales que conlleva el consumo de recursos naturales. En la figura 1 se puede observar como se perfila esta teoría.

Figura 1. La idea del desacoplamiento entre crecimiento económico e impacto ambiental. Fuente: [6]

Desafortunadamente este enfoque no toma en cuenta que las disminuciones del impacto y de contaminación unitarias obtenidas a través de un incremento de la eficiencia se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas [5]. Es un hecho que la eficiencia en el uso de muchos recursos ha aumentado, y sin embargo también lo ha hecho en general el uso global de muchos de ellos. Esta dinámica es conocida en la teoría económica como la “paradoja de Jevons” o “efecto rebote”.

Las fuentes de recursos básicos como el agua, la pesca, la madera, los suelos fértiles para cultivar alimentos, el aire limpio, los recursos energéticos… están sometidas cada vez a mayores presiones. La incapacidad para cuestionar el crecimiento y lograr ubicarlo en el lado de las causas en lugar del de las soluciones, está detrás del hecho de que no se estén planteando medidas que vayan más allá de la eficiencia, cuando esta presión inmensa sobre los recursos que hemos expuesto parecería deber conducirnos a la lógica conclusión de que necesitamos extraer menos recursos y no solo usarlo más eficientemente.

El informe Desacoplando el uso de recursos naturales del impacto ambiental y del crecimiento económico [6] del Panel Internacional de los Recursos, dependiente de la ONU, ilustra tres escenarios en relación al uso futuro de recursos. El escenario más radical, llamado de “fuerte contracción y convergencia”, plantea que la extracción global de recursos en 2050 vuelva a los niveles globales de 2000 pero con un reparto planetario donde todo el mundo consuma lo mismo, lo que obligaría a los países ricos a reducir su consumo per cápita alrededor de un 66-80%, pero también obliga a los países que en 2000 se clasificaban como “en desarrollo” a reducciones que rondan el 10-20%.

Este escenario sería, en términos de huella de carbono per cápita, consistente con las recomendaciones del IPPC de mantener el incremento de la temperatura del planeta por debajo de los 2ºC. Es difícil imaginar que semejante escenario drástico, que incluso así apenas implica reducir el uso de recursos sobre lo que consumimos hoy en términos globales –a pesar de que desde hace 3 décadas vivimos por encima de los límites del planeta–, pueda conseguirse solo mediante desacoplamiento y eficiencia como plantea el informe.

¿Qué es la Coalición para un Tope de Uso de Recursos?

No hay, en ninguna propuesta política realizada en el ámbito de las instituciones europeas, un llamamiento a reducir de forma absoluta el uso de los recursos, a establecer topes que no se deban sobrepasar para permanecer dentro de nuestra cuota ecológica, en cuyo ámbito ya sí, operen las medidas de eficiencia planteadas [7].

Por esto algunas organizaciones ecologistas europeas (ANPED, CEEweb for Biodiversity, y Ecologistas en Acción [8]) hemos creado la Resource Cap Coalition (en adelante, RCC) [9], una coalición que aboga por el establecimiento de topes absolutos en el uso de recursos. Consideramos urgente y fundamental visibilizar esos límites en los espacios de toma de decisiones políticos de la UE para permitir una transición socio-económica hacia una sociedad sostenible de verdad.

¿Cómo establecer los topes?

La RCC trabaja con la ayuda de expertos y académicos en la formulación de herramientas económicas para el establecimiento de dichos topes. De hecho, a la hora de elegir indicadores para definir los topes para los recursos, encontramos en el trabajo académico ya desarrollado varias opciones a considerar (análisis de flujos de energía y materiales, HANPP, la huella ecológica, la mochila ecológica, el agua virtual, etc.). Además, la RCC propone avanzar en el desarrollo de nuevos indicadores y estudios que completen las lagunas informativas existentes. Para ello es necesario completar datos y mejorar el conocimiento de los procesos biogeofísicos relativos a los recursos, su agotamiento, su regeneración, los impactos ambientales asociados, etc. Además de considerar la importancia que pueden tener determinados recursos para la subsistencia de las personas, o el valor específico que una comunidad otorga a un recurso concreto.

Sin embargo, desde la RCC consideramos importante no “paralizarnos en el análisis” de la complejidad que caracteriza estas tareas. Así, pensamos que las lagunas científicas existentes en relación a los recursos no deberían constituir un obstáculo para empezar a crear desde ya una cultura de los límites, basada en el establecimiento de algunos topes.

Por esto es fundamental tomar de referencia una serie de principios generales que deberían servir de guía para el establecimiento de topes (ver cuadro).

Principios generales que deben guiar el establecimiento de topes[7]
Tener como objetivo una reducción absoluta del uso de recursos.
Disminuir progresivamente año tras año.
Estar basado en un análisis interdisciplinar (incluyendo conocimiento científico y debate social).
Definirse por indicadores claros e información transparente.
Transformar los patrones de consumo reduciendo el impacto social y ambiental.
Contribuir a una relocalización de la economía, con circuitos de producción y comercialización cortos, con mayor autosuficiencia, menores necesidades de transporte, y mayor adaptación a la disponibilidad local de recursos.
Considerar plenamente aspectos de justicia social y deuda ecológica.
Considerar los aspectos sociales para que las personas en situación de marginación y pobreza puedan beneficiarse de un mejor reparto de los recursos.
Mejorar el equilibrio entre el trabajo de maquinaria y el trabajo humano.
Estar acompañado de medidas complementarias (garantías de acceso básico, regulación efectiva de la contaminación, impuestos progresivos...).
No permitir la especulación con la nueva estructura de escasez de recursos.

Nos encontramos inmersos en una crisis multidimensional (ecológica, energética, climática...) de magnitudes que justifican sobradamente la urgencia de la puesta en marcha de medidas que limiten nuestro uso de recursos, aun a riesgo de que sean imperfectas o insuficientes.

Sistema de tope y títulos de consumo de energía no renovable para la UE

Desde la Coalición consideramos que un buen y urgente comienzo sería empezar limitando el uso de energía no renovable en las economías ricas. La energía es un recurso que podríamos considerar horizontal, en tanto en cuanto condiciona o está relacionado con el resto, afectando a todo el sistema de producción y consumo.

Con este enfoque estamos debatiendo sobre la propuesta de establecer un tope en el uso de energía no renovable en toda la UE. Por debajo de ese tope, existiría un reparto de títulos de consumo entre países, sectores y personas. Dos de los criterios fundamentales sobre los que se asienta esta propuesta son a) la reducción del tope cada año y b) el reparto equitativo.

La propuesta prevé un mecanismo económico que incentive el ahorro de energía y que permita la valorización de este en forma de un dinero-título de consumo libre de interés. Este dinero-título de consumo sería válido solo para financiar mejoras en el comportamiento energético que condujera a nuevos y mayores ahorros en el consumo de energía (instalación de paneles solares, mejoras en el aislamiento de la vivienda, adquisición de bicicletas…). El sistema prevé un mecanismo de penalización contundente y progresivo en caso de exceder el tope, de forma que actúe como una medida coercitiva real para mantenerse dentro de los límites. Al mismo tiempo el dinero-título de consumo permitiría una especie de renta básica ya que este dinero podría, por un lado, servir para pagar tasas y contribuciones sociales, y por otro convertirse en moneda nacional, en caso de necesidad, pero aplicándole una comisión elevada que evitara fines de lucro.

La continua reducción del tope año a año, actuaría de acicate real para que se dieran las necesarias transformaciones hacia un comportamiento energético basado cada vez más en el ahorro y en las renovables. Para conocer con más detalle las propuestas en discusión recomendamos la lectura de los diversos documentos producidos hasta la fecha [10].

Otras medidas en relación al uso de combustibles fósiles

La Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2012 fue tajante al afirmar que si se quiere cumplir con el objetivo climático de no superar los 2 ºC de temperatura de media, hasta 2/3 partes de las reservas probadas de combustibles fósiles deberán quedarse sin utilizar. No podrán quemarse, especifica la agencia, a no ser que haya un desarrollo espectacular de la captura de carbono [11]. Si embargo la propia realidad está encargándose de neutralizar esta posible huida hacia delante, con los proyectos de captura y secuestro de carbono haciendo aguas y afrontando enormes obstáculos económicos y tecnológicos [12].

No queda otra, por tanto, que asumir que la única solución es dejar la mayoría de combustibles fósiles en el subsuelo, avanzado sin demoras hacia una sociedad postfosilista. Sería importante para ello promover internacionalmente un proceso de yasunización [13], por el que se adquiera el acuerdo de no explotación de la mayoría de las reservas, comenzando por aquellas que se encontraran en determinadas zonas de alta biodiversidad o donde su explotación entrara en conflicto con poblaciones indígenas y su modo de vida. Proponemos por tanto un tope a la extracción. La reciente decisión del Gobierno ecuatoriano de derribar este símbolo permitiendo la explotación de las reservas, y la corresponsabilidad del los Gobiernos occidentales que no han tenido la voluntad política de sostener el proyecto, no obstante, son una razón clara para la desesperanza.

El camino se hace al andar

Creemos que para luchar contra la sobreexplotación de recursos y los problemas ambientales que conlleva, debemos establecer límites absolutos que nos permitan adecuar nuestro sistema de producción y consumo al respeto de la funcionalidad ecosistémica de los territorios.

Consideramos que todas las personas, hoy y en el futuro, tienen derecho por igual de acceder a los recursos y los beneficios que nos proporciona su uso. Para ello esta Coalición invita a todas las personas a contribuir a mejorar las propuestas que hay sobre la mesa con el objetivo de que la definición, uso y distribución de los recursos estén bajo el control ciudadano y gestionados con criterios colectivos de justicia social.




Visitantes conectados: 266