Apoyo a la acción de Greenpeace contra Garoña

El estado de grave inseguridad de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) justifica sobradamente la acción de protesta desarrollada por Greenpeace. La organización Ecologistas en Acción se quiere sumar a la protesta realizada por ese grupo y llamar la atención de nuestros políticos para que tomen cartas en el asunto.

La central nuclear de Garoña es la segunda planta más antigua de las españolas, tras la de Zorita (Guadalajara). El tiempo y la poca cultura de seguridad de sus propietarios han maltratado ambas plantas convirtiéndolas en dos peligrosas antiguallas. El lamentable estado de Zorita y las protestas ciudadanas hizo que el gobierno fijara el día 30 de abril de 2006 como fecha de cierre, a propuesta del Parlamento.

La situación de Garoña no es mejor que la de Zorita puesto que está aquejada de numerosos problemas de seguridad. El más serio, sin duda, es la corrosión generalizada que sufren algunas piezas claves para la central como el barrilete. Las reparaciones a que se le ha venido sometiendo no garantizan ni mucho menos la seguridad de la planta, como lo prueba el hecho de que se descubrieron recientemente grietas en los tubos que penetran en la vasija del reactor (por lo que se les llama penetraciones). La corrosión seguirá avanzando y afectando a zonas no reparadas del barrilete y, es de esperar, que se propague a otros elementos del núcleo de la central.

Este hecho obliga, en cada operación de recarga de combustible, a realizar minuciosas inspecciones en todos los elementos susceptibles de sufrir corrosión en cada recarga con el consiguiente aumento de las dosis radiactivas sufridas por los trabajadores. Ni siquiera estas inspecciones pueden garantizar la seguridad de la central al 100%, porque las fisuras pueden desarrollarse entre inspección e inspección.

El diseño de la planta es demasiado anticuado y las modificaciones que se les han realizado a algunos elementos clave como el sistema de Protección Contra Incendios o el edifico de contención, no son sino parches que no pueden llevar a la central a los niveles de seguridad exigidos en este tipo de instalaciones.

El cierre inmediato de esta instalación reduciría los riesgos de accidente grave, pero además evitaría que se sigan produciendo residuos radiactivos de alta actividad, cuya gestión no tiene solución satisactoria. Además se evitarían las dosis radiactivas recibidas por los trabajadores y el público en general. La siniestra historia radiológica de la central, que incluye elevadas emisiones radiactivas durante sus primeros años de funcionamiento y antes de la muerte de Franco, ha ocasionado que el índice de tumores sólidos en pulmón y estómago sea más elevado en sus cercanías. Además, la central está ya suficientemente amortizada por lo que su cierre no supondría ningún gasto adicional.

Por todas estas razones, Ecologistas en Acción se suma a la petición de Greenpeace para que el Gobierno tome cartas en el asunto y proceda a la clausura y desmantelamiento de esta peligrosa planta.




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